
Colombia se ha venido acostumbrando a incorporar rápidamente expresiones en la jerga común que terminan posicionando en el imaginario colectivo aspectos de la vida nacional y que buscan legitimar el terrorismo de estado, expresiones que terminan por no producir escalofrío, ni siquiera despiertan curiosidad entre la masa, expresiones que se refieren a ejecuciones extrajudiciales como “falso positivos”, desplazados forzados “vividores”, críticos del establecimiento “terroristas disfrazados de civil”, exiliados “terroristas con refugio”, mediadores de paz “traidores de la patria”, paramilitares “grupos emergentes ”, grandes empresarios “gente de bien”, acciones sistemáticas tendientes a violar las libertades democráticas individuales y colectivas “chuzadas” “combatir al terrorismo”, terrorismo de estado “casos aislados”, defensores de derechos humanos “politiqueros del terrorismo” entre otros.

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